El titular es bastante ostentoso, nada grande para él, por que sus palabras espero que resuenen en muchas cabezas...
El marchenero del año Antonio Jiménez Castillo, afirma que "ni un ataque a la Giralda o un secuestro militar hubiera hecho a la democracia tanto daño como las medidas de Zapatero"

El Premio Marchenero del Año en la categoría de Juventud, Antonio Jiménez Castillo, nos envía como lector de La Voz de Marchena un artículo en el que reflexiona sobre las consecuencias de la actitud pasiva y exculpatoria de todos los agentes sociales: bancos, empresarios, sindicatos y trabajadores, que ha llevado a una crisis respecto a la que piensa que las medidas adoptadas por José Luis Rodriguez Zapatero han hecho "más daño a la democracia española que un ataque preventivo contra la Giralda o un secuestro militar". Le reproducimos íntegramente su carta:
El presidente del gobierno ha hecho algo nefasto. Se ha cargado la democracia. La ha rajado de arriba abajo. Ni tan siquiera un ataque preventivo contra la Giralda, o un secuestro militar hubiese provocado el daño que hoy el presidente le ha hecho a su país. Quizás, lo peor de ese daño es su inevitabilidad. Hoy le ha dicho a España, que la soberanía ya no reside en el pueblo. Que el poder no es nuestro, muchos de nosotros quizás lo intuíamos. Pero hoy, el presidente lo ha certificado.
Ante la decisión más importante que España tiene que afrontar en años, hoy no se ha contado con el pueblo, ni tampoco con el presidente. Hoy el “opresor” también era “oprimido”, sentía el yugo del poder sobre sus hombros. Hoy la democracia se ha reconocido a sí misma frágil como aquellas figuritas de cera que ante el calor de una llama se van consumiendo, dejando en la memoria aquellas tardes de gloria.
Entonces, la pregunta que viene a continuación es la siguiente; si el pueblo no decide, y el presidente tampoco (nadie se cree ya que el presidente represente al pueblo).. . ¿Quién tiene el poder?
Esta pregunta requiere de un breve recetario. Dependiendo de la ideología del lector se habrán hecho ya miles de cábalas para identificar al traidor. Que si los bancos, el gobierno, los sindicatos, la patronal, los trabajadores, los inmigrantes, las inmobiliarias…
Yo diría que todos y ninguno a la vez. Empecemos por parte. Los bancos dirán que ellos no son los culpables ya que responden única y exclusivamente a una lógica empresarial instalada en el sistema capitalista, que es la máxima de cualquier empresa; ganar dinero. Dicen que su misión es vender “productos financieros”, en este caso hipotecas y mientras más mejor; además argumentan que si ellas no lo hacen lo harán otras y tendrán que despedir a miles de trabajadores porque la competencia no espera.
El gobierno diría que él no puede hacer más de lo que hace. Su propia perpetuación exige de los votantes y tiene que trabajar como si lo que hace fuera bueno para los que le votan. Además, ellos no vendieron las hipotecas basura, y aunque no lo dicen porque se deben a ellos si cuchichearán contra aquellos trabajadores analfabetos que se metieron en una hipoteca a 50 años¡¡¡ que locura¡¡¡, por lo que demasiado que aguantan la que les está cayendo.
Y qué decir de los trabajadores con un salario cada vez más ridículo y sin otra posibilidad de contratar una hipoteca para poder vivir. Aunque algunos no supieran lo que firmaban, otros dirán que no tienen otro remedio para vivir dignamente en una casa, y tener un coche como el del vecino. Al fin y al cabo, podrán decir que como animales sociales que son, la sociedad creó necesidades (artificiales) en ellos que ahora no tienen más remedio que saciar. La publicidad hace mella.
Los sindicatos dirán que demasiado hacen ante el descenso del número de afiliados. Defienden a los trabajadores pero los atacan ante la situación de pasividad que los ha contagiado. Dirán que se manifiestan pero que ya no van tantos como antes. Ahora parece que estos están sumidos en el reconfortante consumismo pasivo y pasotista.
La patronal, dirá que el gobierno no cuida a las empresas. Muchos impuestos, poca desregulación, y que sin ellos no se puede crear empleo. Necesitan de una reforma laboral para poder actuar. Cuesta mucho echar “a un tío a la calle” y eso repercute en los costes y por tanto en la competitividad de las empresas.
Ante este panorama (breve y defectuosamente descrito), encontrar la responsabilidad en un colectivo parece complicado; (cada uno de ellos se obceca en encontrar a su vecino como el culpable) entre otras cosas porque todos tienen parte de razón y esta es la que manifiestan para poder defenderse.
Quizás lo más grave de hoy no fuese la claudicación del presidente sino la inexistencia e imposibilidad de otra alternativa (profunda) al discurso pronunciado(al menos eso reza). Permitan que me ponga filosófico y poético pero la ocasión lo requiere. Hoy se ha demostrado claramente que el poder se encuentra en un sistema que lleva tiempo derrumbándose (un sistema que prostituye, viola, pisotea… a sus jóvenes, no es un sistema que pueda reproducirse sino que lucha por sobrevivir). Ese sistema se llama capitalismo.
Un sistema que incentiva la codicia y el individualismo. Desde el plano económico, busca la maximización de los beneficios, nunca del empleo (este es un “beneficio” colateral y un legitimador político), instaura los monopolios e incentiva la concentración de rentas y por consiguiente las desigualdades.
Es un sistema que provoca hambre. Hambre para el que no tiene que comer; y hambre para el que no se cansa de hacerlo. Es un sistema que tiene consecuencias sociales. Prima la ostentación, el lujo y el estatus. Deprime al que lo consigue ya que siempre quiere más y al que no lo tiene porque se siente incapaz y marginado. Es por tanto un sistema consumista, y por consiguiente pasivo.
Un sistema que incrementa el riesgo en cada decisión que toma. Desde plantear el debate de cadena perpetua, energía nuclear, hasta la congelación de pensiones, o reducción del salario público. ¿No ven que para mantener nuestro “status” se nos exige asumir riesgos cada vez más locos e irracionales?.
Además y muy particularmente, es un sistema invisible, no reconoce la culpa en su propia naturaleza sino que como el diablo penetra en cada alma de los vivos para hacerse carne y difuminar responsabilidades.
Hoy un sistema que levita, miró fijamente a la cara del presidente y le digo: hazlo. Que así sea.
Antonio Jiménez Castillo realiza Doctorado en Economía Política del Desarrollon por la Universidad de Sevilla, área en la que obtuvo una calificación de Excelente en la London School of Economy.


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